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Estar agotado después de un largo día de trabajo es algo normal. Pero no solo las horas y los esfuerzos físicos y mentales producen cansancio, también podemos tener malos hábitos que estén haciendo que nos quedemos sin energía.

HABITOS QUE BAJAN TU ENERGÍA

  • Decir siempre que “si”. A veces ocurre que por miedo a decir “no” terminamos embarcados en actividades o tareas que cuestan tiempo y consumen energía. Puede que incluso no sean necesarias para nosotros y además nos distraigan de lo que de verdad es bueno o importante para nuestro desarrollo personal.

  • No vivir el momento. Debes cuidar el presente. La verdadera meditación es vivir el presente. Si estás comiendo, come, no veas televisión. Si estás con tu pareja, ponle toda tu atención, no estés con el celular. Si vas a pasear, disfruta cada detalle de tu experiencia. Vive el momento.

  • Pretender tenerlo todo controlado. Las personas, por lo general, toleramos bastante mal la incertidumbre y la frustración cuando las expectativas no se ven cumplidas tal y como queríamos. Lo cierto es que es bastante desagradable cuando esto ocurre. La verdadera felicidad requiere coraje. Confía en ti mismo y en tus acciones. Solo en lo que dependa de ti. Mantén la distancia con respecto a los demás y aquellos factores externos que no podemos controlar. Acepta esta realidad y habrás eliminado una gran parte de la ansiedad y frustración que sientes.

  • Aferrarse al pasado. El peor hábito es no soltar el pasado, no importa si fue bueno o malo, es PASADO.  Es importante cerrar ciclos y vivir el presente, el “aquí y ahora”, que es lo único que importa. Somos más fuertes debido a los tiempos difíciles, más sabios debido a los errores y más felices porque hemos conocido la tristeza. Cada situación, cada conversación, cada angustiante, decepcionante y frustrante momento es un maestro. Nada es tan malo como parece. Hay un beneficio oculto en los pliegues de cada experiencia.  

  • Fingir que todo está bien cuando no lo está. ¿Te sientes abrumado? ¿Sientes que no puedes dar más de ti? ¿Que estás agotado? No sientas verguenza al reconocerlo, no eres un robot. Es algo natural en todo ser humano. El simple hecho de que seas capaz de reconocerlo significa que puedes cambiarlo. No siempre hay que fingir que somos fuertes, también somos vulnerables y eso está bien. Nos hace humanos y, como tales, capaces de cambiar aquellas cosas que conocemos. 

  • Rodearnos de personas tóxicas. Tienes el poder de elegir quién entra a tu mundo y en quién inviertes tu tiempo. Por muy duro que suene, hay personas que solo nos utilizan para desechar sus problemas, disgustos, miedos y frustraciones. Es mejor que no dejes que te llenen de esa mala energía, al menos no todo el tiempo, porque inconscientemente afectan tu día a día. Es momento de que pensar en ti y proteger tu campo energético. Ten en cuenta que aunque esas personas puedan tener buenas intenciones, no significa que te hagan bien.

  • Falta de prioridades. ¿Qué es lo que realmente quieres en tu vida? Busca lo que te llene a nivel emocional y físico para que puedas estar tranquilo. Llenar la agenda de cosas “por hacer” solo hace que perdamos el control y al final terminamos satisfaciendo las necesidades de los demás sin importar lo que a nosotros nos hace felices.

  • No escuchar nuestro cuerpo. Por la monotonía de los días olvidamos que somos seres vivos. Sometemos a nuestro organismo a largas jornadas, presión y estrés, sin escuchar lo que nos dice. Es prácticamente imposible sobrevivir ante tanta exigencia. Necesitas tomar aire fresco, meditar y hacer ejercicio para eliminar toxinas. Entre tanto, llevar una alimentación rica en vitaminas, minerales y nutrientes es indispensable para mantenernos saludables.

  • Pensar y preocuparse en exceso. Pobre de tu cerebro que no descansa por pensar demasiado. Y si son pensamientos negativos, todavía es peor el drenaje de energía que desperdicias con esta actividad que no deja nada productivo. Preocuparse por los problemas cotidianos es normal, lo alarmante es cuando no puedes controlar la preocupación, y la ansiedad es la que dirige las emociones. Esto sucede porque hay más actividad en el hemisferio cerebral izquierdo, es decir, el pensamiento lógico y racional trabaja sin parar. La preocupación es el mayor enemigo del momento presente. Te robará energía y te mantendrá muy ocupado haciendo ¡absolutamente nada! No gastes tu esfuerzo evitando el esfuerzo. Haz que se haga. Ten el coraje de pasar a la acción. Lo que tenemos que hacer es soltar el pasado y organizar nuestro futuro para mantener elevada nuestra energía.
  • Quejarse todo el tiempo. ¿Cuántas veces al día te quejas o escuchas a alguien quejarse? probablemente miles de millones de veces. Vivimos en una sociedad que nunca está conforme, y eso, es algo positivo: el no querer quedarte estancado y encontrar los fallos de algo para seguir avanzando es algo muy bueno. Sin embargo, es común canalizar esas ganas de “ser mejor” en una queja, en lugar de canalizarlo en una “acción” que mejore la situación. Quejarte y amargarte la vida es un hábito dañino que afecta tus relaciones personales, tu autoestima, y tu bienestar. En cambio, lograr ser un crítico saludable te ayuda a superarte a ti mismo y ayudas a que los demás también mejoren. El amor y el agradecimiento son vibraciones mucho más elevadas que el odio y la queja. Agradece por un nuevo despertar, por tu salud, por tu familia, porque tienes para comer. Agradece por cada segundo en tu vida, agradece por todas las personas que conoces y has conocido en tu vida, incluso las que te crees que te han hecho daño.

  • “El cahuin”. Hablar mal del otro debería ser nombrado un deporte mundial. De este mal hábito nace la envidia. ¿Cuántas veces no hemos iniciado un cahuín (nos conste o no la premisa o el tema)? o ¿cuántas otras no hemos participado opinando en el que otro u otros generaron? el hecho es que el “chisme” o “cahuín”, hablando en términos de energía es altamente tóxico. Mentir sobre algo o alguien para generar un problema o crearle enemistades es una energía que no sólo afecta al protagonista del rumor, sino también al que lo crea, al que lo escucha, al que lo propaga y al que lo cree. Se convierte en una cadena de envenenamiento. Vive tu vida, pues para eso te la obsequiaron. Que no te importe lo que hace tu vecina, déjala vivir su vida, así como deseas vivir la tuya.

  • Vivir pendiente del correo y las redes sociales: Si bien muchos dependemos de Internet por razones laborales, revisar nuestra bandeja de entrada a los primeros instantes luego de abrir los ojos es un hábito que esta científicamente comprobado causa estrés, el cual se traduce en una baja de energía notable durante todo el día. En el caso de las redes sociales, los mismos dueños están arrepentidos de haberlas creado, pues ven que las personas son adictas a ellas. Están tan bien diseñadas para que nuestros cerebros de envicien fácilmente dándole lo que más quieren. No significa que tengamos que cortarlas de raíz, simplemente no dejemos que controlen nuestra vida.